“Nunca cambiaría ninguna de las experiencias vividas en Estados Unidos por nada en el mundo” Pol

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Aún puedo recordar las horas antes del despegue, con esas mariposas que aparecen en el estómago y que te hacen replantearte si realmente estás haciendo lo correcto o deberías echarte atrás. Es cierto que llevas tiempo haciéndote a la idea, las personas con las que hablas de la experiencia te recuerdan lo buena que puede llegar a ser con comentarios como: vas a mejorar mucho tu nivel de inglés, conocerás nuevos amigos… Ahora bien, quien se va a subir al avión, eres tú.

Para mí, esos momentos fueron los más difíciles, aunque a la larga te das cuenta de todo lo positivo que te aportaron, como aprender a controlar los nervios o no echarte atrás fácilmente. Después de eso, ya llegas al aeropuerto, conoces a tus compañeros de viaje y la cosa se relaja.

El siguiente punto importante de la experiencia es el encuentro con las familias, bien es cierto que tú las has visto en alguna foto o si has tenido suerte, has hablado con ellos vía mail, pero nunca los has visto personalmente. Y claro, vas a ir a su casa, cenar juntos, hablar mucho con ellos, hacer sus actividades, en definitiva, conocer su mundo. Pero la experiencia es muy agradecida en el sentido del gran entusiasmo que ponen las familias y coordinadores en la buena realización y en conseguir la máxima comodidad de los atrevidos estudiantes.

El viaje para mí representó un inmenso cambio de vista, pasar de ver las cosas con los ojos de tu padre o madre, siempre con conocidos, sin problemas de idioma, cercano a familiares o amigos… A estar solo, en una familia con muchas ganas de conocerte que habla muy deprisa en un idioma al que no estás acostumbrado, hasta las calles las ves distintas!

Por suerte, esta faceta dura un par de días, en ese tiempo tu cerebro se pone las pilas con el idioma y ya empieza un proceso de aprendizaje exponencial. No tienes tiempo de pensar en otro idioma que no sea inglés. Con la familia, cada vez te llevas mejor, has hecho “buen rollo” con los hermanos de acogida y compartes muy buenos ratos con ellos. Lo que al principio representaba un problema enorme de comunicación, te entiendes sin darte cuenta.

Parte mala, que siempre la hay, pasa demasiado deprisa. Cuando te encuentras ya como en tu casa, cada vez te entiendes mejor, planeas actividades divertidas y entretenidas con la familia, etcétera, toca irse.

Realmente hay que decir que es impresionante como se llega a conectar con las familias en solo 4 semanas, tu casa de acogida ahora ya es tu casa en Nueva York, Seattle o dónde hayas ido. Y esas personas que allí residen son: Tu familia americana.

Cabe decir que es desconcertante el hecho de pensar en si los volverás a ver, si mantendrás el contacto y muchas otras preguntas. La realidad es que siempre acabas manteniéndolo a la vez que recuerdas la gran experiencia vivida. Experiencias que te han cambiado para siempre, que te han hecho ser una persona distinta a la que dudaba de ir o no horas antes de llegar al aeropuerto. No tan solo es el hecho de aprender el idioma, que clara esta la importancia que tiene, sino también la responsabilidad, el saber cuidar de uno mismo, la idea de la existencia de un mundo globalizado más allá de las fronteras de tu ciudad, el intercambio cultural, de pensamiento o incluso el cambio de horario de comida y cena. Esas cosas, en mi opinión me hicieron madurar como persona y ser mucho mejor de lo que era.

Y es por todas estas razones por las que nunca cambiaría ninguna de las experiencias vividas en Estados Unidos por nada en el mundo.